Fuentes de esperanza

Afectamos la vida de las personas muchas veces al día de diversas maneras. Jesús llama a su pueblo a ser una luz para el mundo. Nos dio ejemplos repetidos, de cómo Él se conectó e interactuó con amigos y extraños, de cómo podemos ser una fuente de esperanza y aliento para muchos otros.

A lo largo de su ministerio, Jesús sirvió a los más necesitados. Se acercó a los demás sin juzgarlos, cenando con ellos y compartiendo su tiempo. Les hizo sentir que eran valorados. En conexiones cotidianas aparentemente simples, dio un poderoso regalo a cualquiera que se sienta aislado.

Jesús también hizo tiempo para aquellos que pidieron su ayuda. Mientras viajaba a través de las ciudades para compartir Sus enseñanzas, las personas necesitadas se acercaron, a veces escondiendo silenciosamente un toque de Su prenda, otras veces gritando en voz alta para llamar su atención. Al conocer sus necesidades y su creencia en Sus milagros, Él perdonó sus pecados y sanó sus cuerpos.

Cuando curó a una mujer lisiada en sábado, Jesús enojó a muchos de los líderes religiosos de su comunidad. En su amor por aquellos que necesitan ayuda, Jesús se acercó cuando la necesidad estaba presente, a pesar de muchas otras preocupaciones.

Al trabajar para seguir el ejemplo de Cristo, vemos que los momentos de nuestro tiempo con otros, amigos o extraños, son oportunidades. Pensando en nuestro día, es fácil distinguir los momentos en que alguien nos hizo sentir valorados y amados. También está claro cuáles son los momentos en que nos sentimos ignorados o invisibles. Podemos ser una fuente de afirmación, y tal vez incluso de esperanza, para otros cuando reconocemos y respetamos que son parte de nuestras vidas.

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