Manteniendo un corazón abierto

No podemos ignorar los detalles difíciles que son parte de nuestras vidas. En medio de todo el ruido de los detalles, a veces es fácil olvidar las palabras de aliento de Dios con las que la Biblia está llena. Siempre es esclarecedor y reconfortante volver atrás y leer las promesas de Dios y las enseñanzas de Jesús.

Al aceptar la realidad de que ser un hijo de Dios significa que nunca estamos solos, desarrollamos un sentido interno de equilibrio entre el peso de lo que está presionando en ese momento y el panorama más amplio de nuestra vida con Dios. Este equilibrio nos ayuda a mantener nuestro corazón abierto a medida que superamos los desafíos.

Para Habacuc, uno de los primeros profetas, al trabajar para lograr este equilibrio, surgieron preguntas en él para Dios. Preguntó sobre la violencia y la injusticia que veía en su comunidad y por qué tenía que suceder. Miles de años después, estas preguntas pueden ser paralelas a algunas de las nuestras. Dios respondió con aliento, asegurándole a Habacuc que tiene una visión de su Reino que será una gran bendición para el pueblo de Dios. El profeta termina su libro alabando a Dios y le asegura la gloria de Dios.

Jesús fue generoso alentando a las personas que conoció durante su ministerio en la Tierra, independientemente de su posición en la vida. Los evangelios comparten muchos casos de Jesús asegurando a sus seguidores que "tu fe te ha salvado". Y a los que se sintieron abrumados, les recordó: "Para Dios, todo es posible".

Saber que siempre somos parte de la visión de Dios para Su Reino nos permite mantener nuestros corazones abiertos, llevando nuestro amor a la imagen más grande e impactando más vidas para el bien de lo que jamás imaginamos.

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